martes, 2 de agosto de 2011

estilo de vida saludable

           Un estilo de vida saludable




estilo de vida saludable

A medida que el niño crece y se desarrolla, va adquiriendo hábitos y adoptando costumbres que poco a poco va integrando en lo que será su estilo de vida, del cual hacen parte fundamental su manera de alimentarse y su actitud ante la actividad física.
 
Un niño que crezca en un hogar cuyos padres sean aficionados a la lectura, a la televisión o al uso de la computadora, tiene muchas posibilidades de adoptar un estilo de vida sedentario que se reflejará en aspectos fundamentales de su vida, como son:
  • El tiempo que pasa sentado
  • Su manera de caminar
  • Su poco interés por la práctica de deportes o ejercicios
Lo contrario sucede con los hijos de padres muy activos, cuyo marcado interés por la actividad física se vive en el ambiente familiar, contribuyendo de manera significativa a crear el interés de todos en la casa por la actividad física.
Igual sucede con la manera de alimentarse. La mesa familiar es el sitio por excelencia para desarrollar los buenos hábitos alimentarios. El hecho de comer en familia o “cada uno por su lado” puede jugar un gran papel en el proceso de desarrollar las perspectivas de salud de cada persona.
Si bien es cierto que comer en la mesa familiar es una costumbre que trae muchos beneficios, debe tenerse en cuenta que los hábitos alimentarios inconvenientes se transmiten también con gran facilidad en este ambiente.
Lo que realmente contribuye a la adopción de un estilo de vida poco saludable es la manera como se transmiten los mensajes a los niños. Un buen ejemplo es la lectura, la cual es recomendable fomentar en la niñez y la juventud, pero cuidándonos de transmitir el mensaje positivo sin el complemento negativo de la imagen de unos padres que pasan “todo el día sentados”. Lo deseable es que los hijos vean que sus padres, además de dar muestras de una vida realmente activa, disfrutan con frecuencia de la lectura de buenos libros.
Otro ejemplo es la actitud obsesiva por el ejercicio, la cual puede llevar a los hijos a rechazar todo lo que pueda asociarse con algo que les impide hacer las cosas que les gustan, porque sus padres nunca salen del gimnasio.
En el caso de la alimentación, además del componente genético que influye sobre el riesgo a la obesidad, lo más importante es lo que se aprende en cuanto a la manera de comer. Esto abarca, desde la selección de los alimentos al momento de la compra, hasta la forma de servir la mesa, pasando por la manera de preparar las comidas.
Es muy común, entre la población hispana, poner en la mesa para que los miembros de la familia se sirvan más comida que la que realmente debe comer cada uno. No es extraño que para tres personas se pongan a disposición cinco o seis suculentas piezas de pollo, abriendo así el camino a los excesos.
Es muy importante promover en los niños y jóvenes de la familia la adopción de hábitos que los lleve a construir estilos de vida saludables, de los cuales formen parte una alimentación equilibrada y buenos niveles de actividad física.
Quienes ya pasamos de la etapa en que estaba en nuestros padres la responsabilidad de crearnos las condiciones para que fuéramos construyendo un estilo de vida saludable, debemos tomar conciencia de que el asunto queda ahora exclusivamente en nuestras manos. La calidad de vida que podamos disfrutar en los años por venir depende de nuestra decisión de hacerlo bien ahora.
Si tienes que hacer cambios en tu estilo de vida, nunca es tarde para comenzar.

               Una dieta equilibrada

 




A menudo se escucha sobre la necesidad de mantener una dieta equilibrada, pero pocos tienen una idea clara de lo que esto significa. ¿Qué es, en realidad, una dieta equilibrada?
 
Una dieta balanceada o equilibrada es la que provee los nutrientes a través de los alimentos, en las proporciones adecuadas, para que el cuerpo funcione efectivamente.
Cuando el cuerpo humano procesa los componentes de los alimentos - aparte de la fibra -, éstos proporcionan la energía (calorías) necesaria para que cada parte del organismo cumpla con sus funciones. Los alimentos también proveen vitaminas y minerales para que dichos procesos se lleven a cabo como es debido.

Los nutrientes
 
Existen distintos tipos de nutrientes en los alimentos. Los nutrientes que aportan energía se llaman "macronutrientes". Éstos se dividen en carbohidratos, proteínas y grasas. El segundo tipo de componentes está constituido por las vitaminas y los minerales. Éstos son necesarios en cantidades mucho menores y por eso se les llaman "micronutrientes". Algunos de ellos se requieren en tan pocas cantidades (selenio, cobre y magnesio, entre otros), que se los agrupa bajo el calificativo de "oligoelementos".
Ningún producto alimenticio en su condición natural es fuente de sólo un nutriente. Por lo tanto, se ha agrupado los alimentos sobre la base del nutriente predominante en su composición. Así, los alimentos de origen animal son fuentes óptimas de proteínas; los cereales, raíces y tubérculos son fuentes de carbohidratos; y los aceites, mantequillas, y margarinas son fuentes predominantes de grasas.
Además de proteínas, los alimentos de origen animal contienen grasas de diversos tipos. Las grasas pueden causar un efecto indeseable que sobrepase los beneficios de las proteínas, si se consumen estos alimentos en grandes cantidades, como sucede en muchas dietas no equilibradas.

¿Se debe pesar y medir cada uno?
 
No hay necesidad de sentarse a la mesa con una balanza de precisión y una Tabla de composición de alimentos, para saber cuál es la cantidad que se necesita de cada uno de los nutrientes. Basta con tener en cuenta algunos principios elementales.
En primer lugar, es muy útil imaginarse el plato dividido en tres sectores de tamaños semejantes: el primero, ocupado por alimentos ricos en carbohidratos (arroz, pasta, o algún tipo de raíz o tubérculo); el segundo, ocupado por una buena fuente de proteína de buena calidad (carne, pollo o pescado); y el tercero, con una buena porción de ensalada de vegetales frescos. Muchas veces, una ración de fruta puede ser un buen complemento.
Esta forma de integrar el plato es un buen paso hacia el equilibrio, aunque algunas personas, dependiendo de su edad y de su peso corporal, necesitan restringir más o menos las cantidades, sobre todo de los dos primeros grupos de alimentos, cuya capacidad energética (de producir calorías), es bastante mayor que la de la ensalada de vegetales frescos. Si se diera el caso, la ensalada puede ocupar la superficie del plato que quede libre al disminuir el tamaño de las porciones de las fuentes de carbohidratos y de proteínas, teniendo cuidado de seleccionar aderezos que no contengan mucho aceite o cremas, porque éstos sí pueden aumentar significativamente el valor calórico de una ensalada.
El tercer elemento a considerar es la forma de preparación de cada uno de los alimentos. Un principio es la moderación en el uso de la grasa al cocinar o en la mesa (como es el caso de la mantequilla sobre el pan o el aceite en la ensalada). Muchas recetas sólo requieren una pequeña cantidad de aceite para darles buen sabor. Para lograr un aporte balanceado de micronutrientes basta con variar las frutas que se consumen a diario y los vegetales utilizados en la preparación de las ensaladas.

Para tener muy en cuenta
 
A menudo, la pérdida del equilibrio en la dieta es consecuencia del consumo de productos que contienen cantidades exageradas de alguna o varias vitaminas o minerales. Es decir, una cantidad desproporcionada de algunos nutrientes puede afectar la absorción de otros.
La mejor forma de lograr una dieta equilibrada a diario es comer de todo sin abusar de nada y, por supuesto, complementar este principio con la adopción de hábitos culinarios saludables.
Un plato de cereales con leche descremada y un vaso de jugo de frutas naturales constituyen un buen desayuno. Una porción de pescado a la plancha con papas al vapor o al horno y una ensalada de hortalizas frescas satisfacen nuestras necesidades al mediodía. Y un sándwich de atún con lechuga y tomate acompañado de un trozo de fruta, nos permitirá dormir bien y con la conciencia tranquila


1 comentario:

  1. El estilo de vida que tenem,os debe ser saludable ya que a medida que el niño crece y se desarrolla, va adquiriendo hábitos y adoptando costumbres que poco a poco va integrando en lo que será su estilo de vida, del cual hacen parte fundamental su manera de alimentarse y su actitud ante la actividad física que tienen.
    La actividad fisica que tienen les favorece en lograr tener una vida saludable.

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